Si hace una semana me hubieran hablado de escribir un blog, seguramente mi respuesta hubiera sido "ni en pedo!". No porque me parezca mal, sino porque creo que ya hay demasiados. Y a mi nunca me gustó ser uno más del montón.
Desde chico he tratado de no masificarme, y me he resistido a todo aquello que el común de la gente hacía solo por moda. A muy temprana edad me hice hincha de Boca Juniors, justo cuando iban perdiendo. Toda la secundaria usé los pantalones rotos y el pelo largo (mi madre me decia que era un croto, pero a mí me gustaba así), hasta que un buen día se puso de moda. Entonces le dí el gusto a mi madre de cortarme el pelo y usar pantalones sanos.
Mi madre nunca entendió por qué yo siempre iba contra la corriente, en una sociedad donde no pertenecer a un grupo no siempre está bien visto. La verdad, yo tampoco lo entendía.
Pero hace menos de una semana, y justamente luego de leer un blog de un escritor que admiro, hice retrospectiva y me di cuenta que nunca quise ser "diferente" o marginal. Lo único que buscaba era escapar del efecto rebaño o de seguir al grupo solo porque todos iban para el mismo lado, porque yo sabía que el que iba delante mío tampoco sabia donde iba: solo seguía a otro, y ese a otro más. Y yo iba a ir donde quisiera.
Fuí tildado de rebelde, antisocial, y muchas cosas más, y dejé de lado cosas que me gustaban por no masificarme. Pero yo prefería que toda la sociedad me catalogue, antes que un puñado de personas más inteligentes llegaran a pensar que yo era uno más del montón.
Siempre me dió menos vergüenza ser rebelde que boludo.
sábado, 13 de octubre de 2007
Otro del montón
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario