Creo que es la frase que más he repetido en los últimos días, y el motivo por el que no había escrito nada más.
Es un extraño síndrome que me ataca cada tanto, y nunca había intentado explicarlo a los demás, pero creo que le debo esto a todas las personas a quienes mandé a cagar cuando me preguntaban por qué estaba así.
Algo sucede a veces, cuando el cuerpo no se pone de acuerdo con la mente, y es entonces cuando me gana ese sentimiento que aún no logro definir acertadamente, pero que conozco bastante bien. Es una extraña mezcla de ansiedad y angustia, de querer y no poder, de poder y no tener ganas, de desear algo pero no tener la fuerza de voluntad para hacerlo. Y es precisamente esa disyuntiva emocional lo que más me lastima, el hecho de saber que lo unico que me impide hacer lo que quiero, es justamente que no quiero hacerlo.
En vano he intentado encontrar una explicación a esto, sin entrar en el terreno de la sicología ni en la explicación facilista de que estoy un poco loco, pero no lo he logrado aún. Tampoco he logrado evitar que esto se retroalimente hasta lograr convertirme en un desagradable vegetal, y luego desaparecer como si nunca hubiera sucedido.
A veces pienso que puede ser frustracion por no poder hacer algunas cosas que quiero, o tal vez la desesperación de tener tantas cosas por hacer que no sé por donde empezar ni de dónde sacar tiempo para hacerlo.
Pero el hecho concreto es que cada cierto tiempo, que puede ir de un par de meses a un par de años, me veo atrapado por este sentimiento de abandono, de completa apatía, y al mismo tiempo de gran ansiedad.
Y es que cuando estoy así me gustaría hacer mil cosas, quiero y puedo hacerlas; solo necesito empezar.
Pero no tengo ganas.
lunes, 22 de octubre de 2007
Ayer no tenia ganas... hoy tampoco.
sábado, 13 de octubre de 2007
Otro del montón
Si hace una semana me hubieran hablado de escribir un blog, seguramente mi respuesta hubiera sido "ni en pedo!". No porque me parezca mal, sino porque creo que ya hay demasiados. Y a mi nunca me gustó ser uno más del montón.
Desde chico he tratado de no masificarme, y me he resistido a todo aquello que el común de la gente hacía solo por moda. A muy temprana edad me hice hincha de Boca Juniors, justo cuando iban perdiendo. Toda la secundaria usé los pantalones rotos y el pelo largo (mi madre me decia que era un croto, pero a mí me gustaba así), hasta que un buen día se puso de moda. Entonces le dí el gusto a mi madre de cortarme el pelo y usar pantalones sanos.
Mi madre nunca entendió por qué yo siempre iba contra la corriente, en una sociedad donde no pertenecer a un grupo no siempre está bien visto. La verdad, yo tampoco lo entendía.
Pero hace menos de una semana, y justamente luego de leer un blog de un escritor que admiro, hice retrospectiva y me di cuenta que nunca quise ser "diferente" o marginal. Lo único que buscaba era escapar del efecto rebaño o de seguir al grupo solo porque todos iban para el mismo lado, porque yo sabía que el que iba delante mío tampoco sabia donde iba: solo seguía a otro, y ese a otro más. Y yo iba a ir donde quisiera.
Fuí tildado de rebelde, antisocial, y muchas cosas más, y dejé de lado cosas que me gustaban por no masificarme. Pero yo prefería que toda la sociedad me catalogue, antes que un puñado de personas más inteligentes llegaran a pensar que yo era uno más del montón.
Siempre me dió menos vergüenza ser rebelde que boludo.
